lunes, 19 de febrero de 2007

Carnaval de Animas

Carnaval de ánimas.

We are the hollow men
We are the stuffed menLeaning together
Headpiece filled with straw. Alas

The Hollow men-T.S Elliot


Mi ser es uno más en este carnaval de ánimas. Solo uno más que danza y se retuerce en este ritual carente de sentido. Los brillantes colores parecen una burla ante este devenir opaco. Las muecas deforman los rostros.
La ronda sigue su curso, concluye para volver a empezar. La noche deviene en día, la vida en muerte. Los cadáveres se apilan a nuestro lado, pero ya no podemos verlos. La ronda debe seguir, sin preguntar porqué. Crucificar mis deseos en pos de este círculo perenne no anula mi voluntad de anularme.
¿Qué es una vida que nada deja detrás?. Cuando me hunda en lo eterno, que no es siquiera polvo o sombras, otro será llamado a ocupar mi lugar. A continuar la ronda, a unirse al carnaval de almas. Lo hará con un gesto descarnado en el rostro, con una sonrisa inerte y con la sensación de estar cumpliendo su deber. Y finalmente otro lo derrocará para ocupar su lugar
Así los días se agolpan en este trillado carnaval. No he levantado un monumento eterno, pues ¿alguien conoce la extensión de una eternidad?. Mis palabras son solo cuadros en las paredes de esta edificación. Quizá los hombres se detengan a contemplarlos, pero la ronda seguirá y ni siquiera me es dado poder escapar. Trasciendo las reglas del juego con una mueca velada, revelándome. Más aún la ronda sigue y yo soy parte de ella.
Nada ha visto el principio y nadie verá el final. La ronda es eterna y en ella todos ocupamos nuestro lugar. No intentes romperla, de nada valdrá. Solo ella se cree tan eterna como el tiempo. Pero ni siquiera ella lo sobrevivirá.
Mi ser se halla atrapado en este carnaval de ánimas. La ronda continúa y no puedo escapar.
29 de Noviembre de 2006

Soy

Soy


Yo soy el otro rostro de Dios. Soy su sombra, sus pesadillas
Yo soy el siseo de la serpiente. Soy la piedra impactando la nuca de Abel.
Soy la quijada de burro en los brazos de Sansón, cubierta de la sangre de los enemigos de Israel. Soy la velocidad del proyectil de David. Soy el que remueve la vida de Goliat. Soy y fui el filo del cuchillo que cercena la garganta de Juan el bautista.
(Soy violencia)
Soy el imperio Hebreo que se agiganta. Soy Europa conquistando territorios. Soy mis hombres asesinando otros hombres. Soy la conversión de Constantino, la desgracia de los paganos. Soy la punta de la ojiva que desciende sobre Bagdad.
(Soy violencia, soy conquista.)
Soy la negación de quien no me acepta. Soy la hoguera para quien lo decida en mi nombre. Soy la negación de Galileo. Soy Ricardo Corazón de León inundando sus pies en sangre. Mi otro rostro es Saladino y su misericordia.
(Soy violencia, soy conquista, soy inicuo.)
Soy lo que te impulsa a conformarte Lo que te conduce a la violencia. Soy la apatía disfrazada en rebelión. Soy lo que niegas en el día y gimes en la noche. Soy tus sueños de depravación oculta. Soy tu perversión desencadenada. Vivo en los hombres que me niegan.
(Soy violencia, soy conquista, soy inicuo, soy perverso)
Soy el otro rostro de Abraaxas. Tengo muchos nombres. Llámame simplemente Jehová.
14 de Diciembre del 2006

miércoles, 31 de enero de 2007

Inextricable


Va algo mas nuevo, a ver que opinan.
Inextricable

En ocasiones, tan fugaces como intrascendentes, se me figura que puedo traspasar las barreras del recuerdo y recuperar el tiempo anterior a este confinamiento infinito. En tales ocasiones creo atisbar un espacio fuera de este hogar y sus incontables habitaciones. Presumo, a su vez, poder recordar lo que es la luz del sol, ya largo tiempo perdida desde que los árboles del patio han superado la altura de los paredones, negándole su entrada a los rayos del astro. A pesar de su ausencia la casa se halla iluminada, sin que yo pueda explicarme el origen de tal luminosidad. Durante un tiempo, el cual supera mi posibilidad de cálculo, he intentado buscar la forma de deshacerme de los ramajes que imposibilitan dirigir mi vista hacia el firmamento. Pero en cada ocasión que intento traspasar los límites que separan el interior de la mansión del patio, olvido mi objetivo y finalmente termino deambulando en alguna habitación o en la cocina.
Como he dicho anteriormente, son solo ocasiones en las que pienso en una vida fuera de estas paredes. No se está mal aquí adentro. Quizá carezca de diversiones, pero no de emociones. Esta casa es un misterio que mi espíritu indagador se niega a abandonar sin antes haber agotado sus pasillos y habitaciones, aunque de antemano pareciera ser ésta una tarea imposible de concluir. Califico a esta actividad de inconcluible debido a que cada día este hogar pareciera ser diferente. Al desfallecer agotado en una habitación (pues no duermo por las noches, ya que nunca sé cuando es amanecer u ocaso, sino cuando agoto mis energías por completo) despierto para hallarla completamente modificada, los objetos en ella son distintos y las puertas desembocan en habitaciones que jamás había visto. Vanos son los intentos de desandar los pasos dados el día anterior y regresar a las habitaciones anteriormente visitadas.
Solo dos cosas jamás cambian: las escaleras, que conducen a pisos que nunca concluyen, así como a infinitos sótanos y el hecho de que me hallo solo, sin posibilidades de salir de aquí. He intentado alcanzar el techo de la mansión o el último subsuelo. Ambos intentos han sido inútiles. Las escaleras no concluyen jamás, ni siquiera cuando en un verdadero ataque de desesperación las asciendo a toda velocidad, y al no poder ver su fin comienzo una desenfrenada carrera a través de las habitaciones. En ese momento dejo de sentirme solo y presiento que alguien me persigue. Jamás volteo, pues el temor a no hallarme solo me produce mayor temor que el de saberme por siempre sin compañía. Finalmente concluyo esta huida arrojándome en alguna habitación. Al despertar, ignoro la razón de porqué estoy allí, siento que soy otro y que la persecución jamás ha ocurrido.
La casa pareciera adecuarse a mi estado de ánimo. Mientras más desciendo, más apesadumbrados se torna. Junto con él las paredes se ennegrecen en mayor medida que antes y la escasa luz llega por breves instantes a desaparecer. Cuando asciendo, en cambio, mi espíritu parece aliviarse e inclusive creo atisbar breves fragmentos de iluminación. Cuando mi serenidad es extrema, llego incluso a verme a mí mismo corriendo por los pasillos como espantado. Comienzo a perseguirme en un intento de entablar comunicación conmigo mismo, pero el intento es vano. Sé que el yo que huye puede verme, pero se niega voltear su rostro. Si lo hiciera, notaría que no se halla solo y si nos juntáramos quizá pudiéramos hallar la forma de escapar de aquí. Inclusive podríamos hallar más de nosotros deambulando por este enorme hogar. Pero cuando finalmente mi otro yo termina alejándose de mi vista, comienzo a olvidar que nos encontramos y que no estoy solo en este laberíntico lugar.
Finalmente lo hice. Descendí por los subsuelos más allá de mis temores hasta que la luz se ocultó por completo. En plena oscuridad hice reposar mi cuerpo contra el suelo y comencé a soñar aquel mismo lugar en que me encuentro. Cada habitación, cada pasillo y cada escalera que recuerdo, toman cuerpo en mi mente conformando una mansión tan compleja e inexpugnable como la que habito en mi diario transcurrir, pero que sin embargo es diferente. En ella me he retratado a mí mismo, perdido y recorriéndola.
En un confuso momento, aquel ensueño se tornó visible en uno de los rincones de la habitación en que me hallaba. Allí donde mi cuerpo reposaba, podía contemplar la mansión, sus habitaciones y a mí mismo, aún controlado por mi. En un acto de piedad, quise otorgarle la libertad a aquel vástago de mis ensoñaciones. Conduje sus pasos hacia la puerta de salida, pero en el instante en que decidí que debía traspasarla y escapar de aquella casa (y por lo tanto de mi control) me di cuenta que no deseaba perder la visión que había logrado engendrar con mis pensamientos. Al permitirle traspasar la puerta, cambié la disposición de aquel hogar y la puerta de salida no fue más la salida sino la entrada a una nueva habitación. En ese preciso momento, le entregué la libertad de acción a aquel yo, creado por mí.
Desde el momento en que lo liberé, él no hace más que buscar la salida y yo ocultársela. Para cumplir mi cometido, debo modificar la estructura de aquella casa mientras él se halla durmiendo agotado. He olvidado lo que se siente al recorrer un hogar que se transforma a cada paso, y no me detengo a pensar que él debe estar sufriendo lo mismo que yo he sufrido.
Hay momentos en los que caigo dormido y sueño con aquel hogar que he creado y con el hombre que he engendrado. Al despertar descubro que mi víctima se ha hallado a él mismo y lo persigue para que lo acompañe, que mis sueños han invadido mis creaciones y siento que he perdido el control. En instantes como ése busco olvidar al hombre que he soñado, aterrado frente a lo que ambos podrían hacer si llegaran a encontrarse.
He olvidado progresivamente dónde me encuentro, y mi soledad. Ahora soy creador y carcelero, ya no puede importarme nada más. Un solo pensamiento ocupa mis temores, y es que este engendro de mis cavilaciones pueda hallar una habitación y procrear fantasías propias mientras me encuentro durmiendo. Es por este motivo que trato de disuadirlo de descender hacia los sótanos, ya que allí es donde yo logré concebirlo a él y a su mundo (que de alguna forma es también mi mundo ahora). Busco atemorizarlo y le genero oscuros sentimientos al descender a los subsuelos, pero sé que será inútil.
Mi temor a que se convierta en amo de su propio mundo es que me olvidará. Sé que ignora mi existencia pero de alguna manera la intuye, lo sé. Si él cesa de percibirme, de imaginarme, desapareceré o quizás encuentre la salida de este lugar. Cualquiera sea la respuesta, no deseo averiguarla. En este oscuro lugar, en lo profundo de sus intrincados recovecos, sumido en lo hondo de mi creación, pero sin control sobre ella, me hallo a gusto, sin llegar a ser por ello feliz. Nada hará cambiar mi voluntad.

Sábado 11 de marzo de 2006

Comienzo

Hola a todo.Mi nombre es Sihuen Yema y en el 2006 tuve la suerte de publicar un libro de cuentos y prosa lírica llamado " Afuera es noche" en la ciudad de Neuquen.
Cree este espacio parapoder publicar aquellas cosas que escribí luego de la publicación del libro o aquellas que fueron escritas antes, pero no estan incluidas en el mismo. Espero que a alguien le guste.
Gracias y aca les va un ejemplo


Visión personal de la eternidad.

En el principio fue un barrio, y en el barrio una esquina. Bajo la luz de gas, una figura reposa su cuerpo contra la pared. Fuma en silencio mientras otea el horizonte. Su traje negro se confunde con las sombras de la noche. Bajo el discreto sombrero asoman sus enrulados cabellos oscuros. Tantea sus renegridos vellos, sobre su labio superior y bajo su barbilla. Piensa que ya es hora de que su rival se presente. En el barrio todos lo apodan "El Malo", a pesar de que nadie jamás lo ha visto. Exiguo es el tiempo transcurrido desde su nacimiento y ya ha alcanzado la misma reputación que su padre, reputación fundada a base de gallardía y habilidad con el cuchillo.
Desde el final del callejón, perdido en la bruma, se aproxima aquel a quien apodan "El Bueno". Su impoluto traje blanco desprende un fulgor que ilumina la callecita. Sus lisos cabellos blancos reposan con mesura sobre sus hombros, entremezclándose con su poblada barba encanecida. Al arribar a la esquina observa el enjuto cuerpo de su vástago y piensa que no hay otra salida. Alguien debe disciplinar a aquel insolente. El tiempo de usar el puño ha pasado, ahora corresponde el cuchillo.
La pelea comienza, esa noche como tantas otras, mirándose ambos con recelo, desprecio y deseo. Ha sido así durante un tiempo tan largo, que ambos ignoran su comienzo y ninguno conoce su final.
En otras épocas los pobladores de la zona se arrimaban con el ocaso, a observar a aquel ser vestido de negro reposado contra la esquina, esperando al otro que viste de blanco. Durante incontables noches los vieron combatir, sin sacarse un mínimo de diferencia, sin desperdigar un mínimo de sangre. Al principio todos vitoreaban al anciano que llamaban "El Bueno". Con el paso del tiempo se aburrieron y comenzaron a profesar su gusto por "El malo".
Las noches han pasado y los hombres se han cansado. Desertaron de la esquina y dejaron a aquellos inmortales combatiendo por siempre. El barrio y sus hombres comenzaron a desdibujarse y desaparecer, hasta que el universo pareció reducirse tan solo a aquella esquina olvidada. Como si aquellos guerreros se hubiesen olvidado del mundo y no a la inversa.
Los cabellos de "El Malo" se emblanquecieron y sus rulos se alisaron. Su rostro se tornó barbado con vellos color gris y su cuerpo se ensanchó hasta parecerse al de su padre. Sus oscuras ropas se destiñeron hasta quedar completamente blancas. Hoy, si alguien los viera, no podría distinguirlos. Ni siquiera ellos mismos recuerdan quienes son y porque combaten. Cada uno ve su propio ser en el otro. Los hombres los han olvidado, pero ellos son reales y en aquella esquina, cuchillo en mano, combaten eternamente.
Lunes 03 de Octubre del 2005